26 nov. 2014

Extractos

La tierra estaba húmeda y blanda por las últimas lluvias. Se desmenuzaba bajo la presión de sus dedos, negra y olorosa, llena de hojas podridas y raíces muertas, pedazos deshechos de corteza, lombrices viscosas. Cedía sin oponer resistencia; en apenas unos instantes Julda ya había conseguido abrir un agujero ancho como su puño, hondo como su antebrazo.

Suficiente.

Cerró los ojos. No se sentía con fuerzas para seguir sosteniendo la mirada impávida del roble, los ojos que la observaban entre las rugosidades de la corteza, las arrugas que la edad había tallado en el rostro nudoso. La humedad de la tierra se filtraba por la lana de su falda y empapaba sus rodillas. Sobre su cabeza, el siseo del viento entre las hojas cortaba con palabras afiladas.

Hacía frío. Y la tristeza, que sentía como un peso insoportable en el pecho, enfriaba aún más su alma, apagando los rayos del tímido sol invernal y congelando las lágrimas antes de que brotasen de sus ojos.

De Mi alma por mi rey (El Segundo Ocaso, Precuela II). A la venta en Amazon.


No hay comentarios :

Publicar un comentario