25 oct. 2014

Habrá más lágrimas

—Sí. —Levantó los ojos para encontrarse con los de Linat. La agonía había desaparecido, la angustia de estar partido en dos. Solo quedaba tristeza, una tristeza tan honda que se juró a sí mismo que no volvería a sentir algo así. Nunca. Aunque para ello tuviera que dejar de sentir todo lo demás. 
Linat sonrió cuando Angarad pugnó por enderezarse entre sus brazos y se incorporó sin dejar de mirarlo fijamente. No se molestó en enjugarse las lágrimas que todavía manchaban sus mejillas: habría más. Y después, cuando todo hubiera terminado, secaría sus lágrimas para siempre. 
—Sí —repitió en un susurro—, ya sé dónde está mi lealtad.


De Mi alma por mi rey - El Segundo Ocaso, Precuela II


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