24 jul. 2014

Tatuajes

—Aquí no vas a conseguir que te den trabajo, Isendra —dijo la mujer; Issi se quedó boquiabierta, lo cual provocó otra risita burlona de la mujer—. ¿Te extraña que sepa tu nombre? ¿Por qué? ¿Hay muchas mujeres que se ganen la vida matando hombres con una espada?

Se miró las uñas. Issi no pudo sino darse cuenta de que tenía unas manos perfectas. Limpias, suaves, de uñas pulidas, sin una callosidad ni una rojez. Como si no hubiera empuñado una azada, no hubiera hecho una colada, no hubiera transportado un balde en su vida.

—Y, lo que es más importante, ¿hay muchas mujeres que lleven un tatuaje plateado en la frente?

Issi se quedó tan estupefacta que creyó que sería incapaz de volver a pronunciar palabra. Y la maldita mujer no ayudaba nada: la miraba fijamente, con una ceja enarcada, la sonrisita irónica más enervante bailando en los labios carnosos.

—No hace falta que abras la boca como un pez, cachorrita —se burló—. La verdad es que es muy visible. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que está ahí.

—P-pero... pero... —balbució Issi, desconcertada—. ¿Cómo...?

—Ah, está bien. —La mujer estiró las piernas y levantó el rostro hacia el sol, cerrando los ojos—. No eres la única que conoce a Keyen. Y a él le gusta mucho contarme cosas, ¿sabes? —comentó, mirándola de reojo con los párpados casi cerrados. Se sonrió—. Y preguntármelas. Es capaz de cualquier cosa con tal de que responda a sus preguntas, si entiendes lo que quiero decir.

Sin poder evitarlo, Issi sintió que el desconcierto cedía ante la rabia. Apretó los dientes y contuvo su mano, que se había movido inconscientemente hacia el cuchillo que guardaba atado al muslo.

—No te pongas tan colorada. Nunca se ha quejado —siguió diciendo la mujer—. Yo me sentiría halagada si un hombre fuera capaz de acostarse con otra sólo por descubrir si yo corro peligro o no.


La Elegida de la Muerte - Öiyya (El Segundo Ocaso I) - Ediciones B, 2010



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