7 jun. 2014

Un recuerdo que inspiró una saga

Las ideas no salen de la nada. Los escritores estamos acostumbrados a dejar que cualquier cosa se nos cuele en la mente y nos active el chip raro ese que tenemos que saca una novela de los lugares más insospechados y peregrinos: una imagen, un olor, un grito, el aspecto tan excéntrico que tiene este pastelito, mira cómo brilla el sol en ese charco, ese póster es feísimo pero la sombra que tiene en la esquina me hace pensar en fantasmas que cantan en la ducha. Ése es el secreto de la "musa", como la llamamos (normalmente añadiendo un par de insultos dirigidos a la muy cabrona): que cualquier cosa, una palabra, una frase, un párrafo de un libro, un trocito de una película, la conversación que tus vecinos tienen en el ascensor o la forma que tienen las musarañas de bailar la conga delante de tus ojos cuando te aburres, cualquier cosa, puede inspirarte una escena, un capítulo, una novela, una saga.

Una curiosidad que no le he contado todavía a nadie (aunque mis hermanos, que comparten recuerdos de la infancia conmigo, lo pillaron sin necesidad de que se lo contase). Hace ahora ya siete años andaba yo buscando desesperadamente el hilo, la imagen, el olor que me despertase "esa idea" que todos necesitamos para empezar a escribir una novela. Tenía cierta prisa, porque me había propuesto un reto: escribir una novela completa en los 40 días que faltaban para el fin del plazo de entrega de un concurso. Y en ésas andaba, exprimiéndome el cerebro prácticamente a todas horas (en el curro, de camino a él, en la ducha, mientras hacía la comida, laralá) cuando por fin la encontré, como suelen ocurrir estas cosas, justo cuando no estaba pensando en ella. Fue un martes cualquiera a eso de las cuatro de la tarde, mientras aprovechaba mi hora libre antes de volver a la radio e intentaba echarme un ratejo de siesta. En ese momento en el que no tienes muy claro si estás dormida o despierta de repente me vino a la memoria esto:

"Aria: La Séptima Puerta", de Michel Weyland. No he encontrado
una imagen en mayor resolución, pero más o menos os hacéis una idea.



Una novela gráfica que había leído cuando era una renacuaja (recuerdo que la publicaban por entregas en una revista que editaban allá por los ochenta, "Jana", se llamaba. Con deciros que era para preadolescentes y que quien la compraba era mi hermana mayor, podréis haceros una idea de la edad que tenía yo cuando la leí: si tenía más de siete años, me como el teclado :P). El caso es que se me apareció en la memoria tal cual, como si acabase de leerla y no hubiera pasado más de un cuarto de siglo desde entonces. Y de esa página de ese comic, de esa escena en concreto, surgió la historia de Issi, la Öiyya (la protagonista de La Elegida de la Muerte), que más adelante se convertiría en el germen de toda la saga de El Segundo Ocaso.

Hay que ver las cosas que tiene la mente =)

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