4 jun. 2014

Extractos

—Si querías emborracharte sólo tenías que decirlo, ¿sabes? No es algo a lo que suela negarme. Aunque te pases la noche llamándome “comandante”. —Sacó la lengua—. Qué poco me gusta tener el mismo título que el primito Angarad. Venga —dijo, señalando la puerta del dormitorio—, vístete y vámonos. No tengo intención de ir a ninguna parte con un principito insomne vestido con una mierda de sábana.
—De acuerdo —respondió Danekal entre dientes, dejando caer la tela. Comenzó a andar hacia su cámara—. Pero si mi madre se queja porque Sihanna de Phanobia acaba teniendo que beber agua, pienso acusarte de traición y cortarte la cabeza.
—Si tu vino sigue siendo tan peleón como recuerdo, igual hasta te lo agradezco —le llegó la voz de Evan desde la otra habitación.
—Si cuando bebes más de tres copas te sigues poniendo tan gilipollas como recuerdo, seré yo quien le estará agradecido al verdugo.
—En Novana es el rey el que ejecuta a la gente, te lo recuerdo —comentó Evan. Danekal se apresuró a pasarse la camisa por la cabeza.
—Soy capaz de contratar un verdugo sólo para ti —dijo, buscando las calzas.
—Cuánto honor —refunfuñó Evan—. ¿Vas a darte prisa o qué? ¿Quieres que te vista yo?
Danekal no pudo evitar reír mientras se calzaba las botas.


De El sueño de los muertos (Minotauro, 2013) - El Segundo Ocaso, Libro II.




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