30 ene. 2014

La crítica... y los compañeros

Mirad, esto viene siendo así: el mundo literario, como cualquier 'mundillo' artístico, es un caldo de cultivo ideal para que crezcan, sanotas y gordotas y fortotas, las envidias más verdes, que echan raíces y, a base de puñaladas, zancadillas y martillazos más o menos sutiles o más o menos directos, intentan socavar los cimientos de la carrera literaria de cualquiera que no sea "yo". O, lo que viene siendo lo mismo, aquí el clavo que sobresale es el que se lleva el martillazo, porque si hay algo que mucha gente no soporta es ver cómo el de al lado destaca en un campo en el que él (aún) no ha conseguido destacar. Algo que los ciclistas tienen clarísimo, que si uno se escapa del pelotón igual es mucho más fácil subir el puerto a rebufo pegado a su rueda, en el mundo de la literatura (y más un grupo tan reducido y vapuleado como el de los escritores de género 'minoritario' en España) es un concepto que se nos escapa: si hay alguien, el que sea, que publica con una editorial un poco más mona que la mía, o que vende dos ejemplares más que yo, o que ha publicado dos relatos más en dos antologías en las que yo no he podido meter la zarpa, entonces es El Enemigo y ¡Hay que acabar con él! ¡No vaya a ser que me robe ventas el advenedizo ese! Como si un lector que compra un libro no fuera a comprar más libros en su vida, como si un lector que adora la obra de un escritor no pudiera adorar también la obra del escritor que se sienta en el pupitre de al lado. Obviamente es una generalización: no todo es tan malo ni todos son abominables, ni mucho menos, pero entendéis el concepto, ¿verdad? ;)

Os cuento todo esto porque me da mucha risa la circunstancia, y el hecho de que en este mundillo ya se presuponga que TODOS somos enemigos y que TODOS odiamos al de al lado e intentamos por todos los medios destrozarlo por artes más o menos retorcidas (cosa que no es cierta; entre el fango hay mucha gente que merece la pena conocer, y mucha gente con quien me alegro de compartir profesión, afición y mundillo). Y por eso cuando alguien me mira raro porque en vez de machacar a mi supuesta "competencia" lo que hago es decir con sinceridad que su obra me parece magnífica, en vez de sacar la lengua, como me impulsa a hacer mi "yo" de niña traviesa, lo que hago es reírme mucho más fuerte. Porque me hace gracia ver el desconcierto de la gente al comprender que no creo que defenestrar al que intenta, como yo, abrirse paso en esto de la literatura sea "lo que hay que hacer", y porque me hace mucha más gracia que busquen intenciones ocultas y retorcidos complots de destrucción masiva y dominación mundial en lo que son, sencillamente, opiniones sinceras sobre las obras de mis compañeros, sin paños calientes ni mordeduras de lengua: lo bueno y lo malo, así, sin más, tal y como yo lo percibo y sin intenciones ni de peloteo salvaje ni de martillazo craneal preventivo.

Quizá precisamente porque así es como está el patio y yo ya me he llevado unos cuantos martillazos en la cabecita en los últimos años, el hecho de que esta semana haya recibido dos opiniones de dos autores a los que respeto y admiro (como escritores y como personas) acerca de mi última novela, El sueño de los muertos, y el hecho de que esas dos opiniones hayan sido positivas (cuando, si seguimos la lógica del mundillo, ambos deberían haber intentado propinarme un martillazo en la cabeza para impedirme seguir avanzando), hace que me sienta muy muy muy feliz y muy muy muy orgullosa de mi criaturica. Porque las opiniones de todos los lectores son igual de válidas y de valiosas, pero si recibes el aplauso de un compañero, más aún, de un supuesto "competidor directo", la sensación es infinitamente más poderosa. Porque es un crítico que sabe lo que cuesta esto de escribir, y porque, a priori y en vista del panorama, es un crítico que debería haber dicho que mi novela es horrenda y yo aún más, vayaserque haya alguien por ahí que decida comprarse mi libro en vez del suyo ;)

Las dos opiniones/comentarios/críticas están firmadas por Alberto Morán Roa (El Rey Trasgo: La ciudadela y la montaña y El Rey Trasgo: Títeres de sangre) y Steve Redwood (El pescador de demonios, ¿Quién necesita a Cleopatra? y Simetrías rotas). Os las transcribo aquí debajo por si no podéis leerlas en sus lugares de origen (aquí y aquí respectivamente):


«El Sueño de los Muertos ha conseguido uno de los objetivos más elevados que le pido a un libro: emocionarme. Es una novela que se devora de pie, caminando en círculos en el salón; pasando las páginas entre espadazos, a través brumas, transitando las calles apestosas de una capital que pese a no existir, puede tocarse y recorrerse; es un relato intenso, vivo, apasionado, cuya historia fluye rápida, tan limpia como su narración y tan sucia como los hechos que describe. El Sueño de los Muertos me ha arrancado latidos acelerados, me ha metido en una batidora llena de emociones, personajes y escenas y ha hecho que me mezcle con ellos como si presenciase cada uno de los acontecimientos narrados en primera persona, en un remolino del que no quería salir, de cuyos violentos pero calculados empellones no me quería zafar.
Los márgenes de mejora -que los hay, como en cualquier otro libro- se pulirán con el tiempo. Los aspectos a mejorar disminuirán en número y relevancia. El entusiasmo, el amor feroz hacia el género fantástico, la capacidad de tocar las fibras del lector como un instrumento... todo eso, me permito apostar, prevalecerá. Aquí no solo hay oficio y talento: hay entrega. Hay pasión. No describiré de qué trata en profundidad ni cuáles son las tramas, tarea que dejo a plumas más aptas y a cabezas más preclaras que la mía. Solo quiero dejar constancia de que es un libro vibrante, descarnado, que escribe las palabras de su blasón, fantasía épica, con merecidas mayúsculas.
Pensaréis que me paso de positivo. Tal vez. Me importa una mierda. Quizá dentro de veinte años, cuando sea una persona aburrida que mira las entradas en su cuero cabelludo con un bufido, alguien gris y con hábitos, piense que tal vez me emocioné en demasía al salir de aquel continente de acero, lágrimas, barro, cerveza, dados, carne y sueños. Pero ahora, este día, el lector pletórico que cierra el grueso volumen no tiene más que palabras de agradecimiento para la autora. Esta es una novela que merece ser leída por todo aquel que aún disfruta al ver cómo baila con las palabras de un libro, orgullosa, fiera y descarada, la llama de la emoción.»


«El Sueño de los muertos le ha quitado el sueño a este semi muerto durante muchas semanas – ¡ah, cómo añoro a veces los libros tamaño Of Mice and Men de Steinbeck o La Chute de Camus – porque hasta la medianoche simplemente no tengo tiempo para leer. (No es que tengo tantas cosas que hacer, sino que me he vuelto un poco lento) Pero ha valido la pena, y el cansancio y los ojos hinchados y las chicas insatisfechas (y tb imaginarias) de los días siguientes. Teniendo en cuenta que la autora es casi una niña, exhibe una gran imaginación y un don de hilar las palabras que para mí es casi tan adictivo como las galletas de jengibre. Creo que la palabra es ‘prodigiosa’. El libro debe parte de su éxito al concepto de ‘El Lugar’ (no digo más), y eso impulsa la trama principal (y a los hombres les da pesadillas!!!), y hace que esta novela destaque entre los libros de fantasía que dependen de escenarios cuasi medievales, y no suelen atraerme demasiado por ser copias de copias. Pero este libro no es copia de nada, y tiene una fuerza, un ritmo, impresionantes, una galería de personajes con quienes me gustaría pasar unas horitas en La Doncella (de nuevo, no digo más), y en todo momento da importancia a las emociones, y no creo que uno tenga que ser fan de la fantasía para disfrutarlo. ¿De qué será capaz esta mozuela Virginia cuando crezca??? Encima, hay muertos suficientes para satisfacer incluso a José Antonio Cotrina!!»



Y yo no puedo sino darles las gracias a los dos por sus comentarios, tanto en público como en privado, acerca de mi "niño", de sus puntos fuertes y de sus puntos débiles, y prometerles que tendré muy en cuenta todas sus sugerencias para seguir mejorando y dando en cada libro lo mejor que sea capaz de exprimir de mí misma. Y, de paso, dar también las gracias a Erika Aguilar y toda la horda de "grupies" que el otro día montó una manifestación virtual a las puertas de Planeta exigiendo saber datos acerca de mi siguiente novela, y que incluso se atrevió a diseñar unas camisetas reivindicativas para pedir la continuación de El sueño de los muertos =)



2 comentarios :

  1. Hubo un tiempo, muy lejano ya, en que la base de mi alimentación literaria era la fantasía épica. Como lector tragaldabas te diré una cosa al respecto de este asunto: que haya un escritor magnífico liderando un género mola mucho, pero que haya un pelotón pedaleando justo detrás, mola muchísimo más. No había cosa más emocionante que ver más de 10 títulos simultáneos en el apartado de Novedades de Timun Mas o Minotauro.
    Como nos gusta decir a los biólogos, la diversidad es riqueza. Me causa tristeza y repulsa ver la competencia sucia y desleal; ver a los autores haciéndose de menos unos a otros para hacerse cada cual de más. Patético. Que nadie se confunda, si algo nos sacó de las cavernas fue la cooperación, no la competencia.

    ResponderEliminar
  2. Y es precisamente por eso por lo que cuanto mejor nos llevamos y más nos ayudamos los unos a los otros, mejor género se escribe y mejor imagen tenemos. Por fortuna, también hay mucha gente dispuesta a hacer exactamente eso y no lo contrario, que es lo que ha imperado hasta hace bien poquito ;)

    ResponderEliminar